domingo, 2 de mayo de 2010

Aporte en el marco de "La construcción del Fauno"

Biografía de Totorico Luberiaga “El libador de volquetas”


Texto hallado adentro de una rosca de chorizo en Pueblito Celeste a finales del siglo XX.

Bautizado bajo el nombre de Totorico, lo encontraron debajo de una cancha de futbol cinco con una nota que rogaba a uno de los goleros que lo protegiera y quisiese con devoción. Su progenitor, Waldemar Albornotti, arquero del Club Atlético Pare de Sufrir se lo encargó a un domador de teros cimarrones del circo criollo Big tits entretainment, que lo crió a base de yogurt poronguero “Te Siento” y pan de molde “rabadilla”. Esto le jorobó las amígdalas hasta su adolescencia habiéndose curado gracias al vaho de neumático para cuadripléjico, rodado 26. Fue allí, en su primera mocedad, que Totorico se dedicó a las artes escénicas componiendo performances para latones de mimbre. Algunas de sus primeras obras fueron registradas en las actas de la corte electoral de Pandule bajo títulos como: El dedo en la llaga (intervención cultural en talabarterías); La Laura la ladea (gesta épica en piscina inflable) y Me la manduco (revelador musical infantil). El éxito obtenido le generó serios inconvenientes con el entrenador de las gallinas amazonas del circo criollo y fue expulsado junto con un chancho con vincha miembro del staff subversivo de Luberiaga. El gran sufrimiento que le provocó el ostracismo lo llevó a ponerse un pirsin con un carozo de níspero en la mollerita a fin de ocultar las imperfecciones de su cráneo y logró cambiarse el apellido por el altisonante e inolvidable Alborgnoqui. Tutancamóm Alborgnoqui, nombre por el cual fue conocido en los círculos culturales más selectos de villa Telechea, estudió peluquería con el Pájaro Cansanni y frustró su carrera cuando, en el último examen, tuvo que hacerle el cavado al Cococho Álvarez. De ahí en más, arrastrado por la angustia, cayó en el consumo frenético de pasta dental y caramelos de calostro. Recluido en una tatusera de Cañada Ojete escribió sus memorias tituladas Nostalgias por la Everedy; también arriesgó suerte y arandela con el poemario Apología del ruleman y Alergias Bigotudas (tratado neo marxista). Fue citado como jurado en el desfile de moda en cámara lenta, de la pasarela Stanislavky en Quebracho y lo denunciaron por mirar de pesado a un cascote. Envalentonados por el desaire los aldeanos profirieron insultos tales como: “te vamo a hacer un enema con licuado de verga” o “entregá el buche, putita”. Tutancamón escapó camuflado en un carro de goma disfrazado de Gerardo Zucotti.
Ya en su adultez perdió la cabeza por una garrafa de trece kilos y se inyectó dulce de membrillo en el orto a falta de siliconas, tradujo al hebreo The Wall y fundó un club de capoeira con patines en la terraza de un contenedor. De aquí en mas se pierde rastro de Tutancamon Alborgnoqui aunque se registran apariciones en el registro civil del chaco santafesino; cuentan algunos vecinos que lo han visto toreando sapos los días de humedad.

"Laurito Mochica” – el encantador de faunos –

Laurito Mochica” – el encantador de faunos –




Esta entidad de los montes tuvo su primera manifestación en la fiesta “La 4 queso” y raudamente se incorpora al panteón olímpico del pueblo “Caldo de calostro”. En el MEC de Paso Fialho se presentó como “avistador de soretes” y vecino del matrero Mc Callister. Una tarde fumando barba de ojete, marca “Ña María”, implementó los viajes astrales haciendo equilibrio en un alambrado. Ahí nomás se proclamó virrey y pasó a ser conocido como “El tapita” - the third -. Su linaje fue sacudido en todas las tatuseras de la Cisplatina, fue así que acuñó la frase: “lo que ta vacío hay que rellenarlo” y se retiró a moteles de invierno, allí se dedicó a la elaboración del “Primer manual astrológico paisano” en que el agujero negro siempre resulta ser el compañero. La fama lo tildó de comilón pero aprovechó para fundar una escuela de teatro para pederastas amateurs, la rutina lo sumió en la desesperación ya que el protagonista siempre fue “El legüero” (una entidad mágica que acomodaba niños en los cines y por ser el más dotado se pensionó de rellenador vitalicio).



Escapando a los fanáticos del relleno pasa una temporada pescando mangorchas. Una mañana cazó al fauno Albornoz que había “trancado el chichón en una horquetita” y lo teatralizó en su afamado sainete: “Le enticé el lomo al fauno”, donde Albornoz revolvía una lata con mazorca de hombre por 49 segundos y estaba toda cagada. Le siguió “El bordado macho” en que Mochica seduce una bigoñas mientras el fauno borda un cuero de chancho durante el día y se lo frota a la noche. Hizo de mimo didascálico parado en un poste cada 25 de agosto para festejar el regreso de Pimpinela y cantaba: “Je renegret grerrien, grrr” (*). El fauno alcanzó la fama en “El monólogo de la pelotilla” que consistía en rascarse la mollerita en el rincón de calle Blanes y el Parque Solari. Se presentó en la bienal de “Los cojudos vivarachos”, nombre que homenajea tres gauchos putos que hacían de chiflados. Presentó la obra vanguardista: “El sorete toma la carpa” (Thriller), conocida en Surinam como: “Avatares de un sorete licencioso” y “Angustiau como sorete en carpa”, se observó la influencia de Kierkegaard en su peinado. Junto al fauno hicieron las delicias de localidades bulliciosas, metrópolis en continuo crecimiento como “Tanga e criollo” y “Piola pa chorizo”. Improvisaban en arroyos, baños químicos, chiqueros, catres de paisanos tragaleche y hasta realizaron una presentación aeróbica en un níspero.



Una noche el amor partió como parten las patadas, el frío y la ventisca de villa Poronga hizo que el fauno peristáltico temblara como macho y se soltó de la pata del catre, arrastró sus cadenas hasta paraje “Comehombre” y nadie volvió a saber de Albernotti, su seudónimo cariñoso). Mochica, perdido y desconfiado, se unió a la troupe de “Marta Peralta y sus genes vivaces”. Fue perseguido y humillado por los aldeanos que se manifestaban con canciones de protesta sobre el elevado precio del choripán, el medio litro de tinto y el jabón (acérrimo rival de estos soñadores de pelotudeces). Alucinó en los matorrales de pitanga y le tarareaba Black Sabbath a una pajarera de monte, se le llamó el “Barrabás mansfloro” porque bailaba cielitos con discos de Queen en las cantinas de testosterona campechana.

(*) – fue un invierno de la gran puta.

Golondrino Meirelles – El Jaker del Parque Indígena –

Golondrino Meirelles – El Jaker del Parque Indígena –




Este ser de múltiples apariciones, sobre todo nocturnas y con calzoncillos embretados, saltó a la fama de las crónicas fronterizas por comerse un postrecito de mierda en el canal local de villa “Lagarcha”. Famoso intrépido del deporte sacatripa y avistador de bolivianos en celo. En sus apariciones se informa que causaba la varicela y garrón debajo de churros a puro beso negro y dedo gordo de hombre. También fue conocido como el chinga Jaume, destacado bailarín y concertista de pinico inflable, contaba con éxitos como: “fumigame la tacuara” y “mandíbula de enfermero”. Bailaba arriba de los chinchulines calientes con medias de nylon, ganando el mote del “mataqueso”.



Viajó hasta Uruguayana en sulki para comprobar la rotación de la lupa de plástico y las afinidades colectivas de los enanos que escupen en los balcones a los cuidamoto. Un día se compró una vaturé con cama paraguaya y a contrapedal para hacer novio en Paso Cementerio con un paisano puto que apodaban como Eustaquio Vergamocha, conocido esquilador de tajamares y sobador de lomo de nutria bagual. En su mocedad se movilizó por un Mevir en Paraje del Orto y compuso el jingle: “Vamo Mevir, vamo nomá que me van a coger los Taitas”. Fue malinterpretado por el paisanaje debido a su profundidad lírica y el cuestionamiento a las fases lunares de pueblito “Tropezón”. Hastiado se enfrascó en la perfección de la butifarra y bagayeaba laxantes vencidos para tartamudos con dislexia en UHF.



Cuentan que lo bajaron de una pedrada por pajearse en la terraza de la intendencia de Fraile muerto. Entonces se sintió un superhéroe y se tatuó en los pezones la papada de Ofelia Piegas, producía chanchos con acoplados que tenían un grupo de punk pre-socrático y los cambiaba por gorgojos para remontarlos en verga. Fue un encantador procaz de fideos cucusú y halló unos mehires de sorete en las cuevas de Algorta una noche que amancebaba un compañerito de la escuela. Dicen que se enriqueció y se operó las nalgas para lucir sedoso. Se lo vio esquivando teresos en la tormenta del 2003 cuando llovió como la concha de tu madre.

“El Pardo Albornoz”

Biografía de “El Pardo Albornoz”

Este personaje pertenece a los mitos urbanos de Paso Potrero. Por lo que varios mitógrafos del lugar no han podido hacer otra cosa que recopilar composiciones orales sobre El Pardo. La mayoría de las canciones lo presentan como hijo de La Comadre en chancletas (otro personaje mitológico de Paso Potrero), y de Segundo Eunuco Primero (picador de tabaco del período épico de Pirarajá)

Los versos que narran el nacimiento y niñez de El Pardo, cuentan que la madre queda embarazada por generación espontánea por la mezcla de tabaco picado y aserrín de sorete de lobisón doméstico. La parición se produjo sobre una hamaca boliviana tejida por el marido, con pelo de rabadilla de la vieja y piola de catre. Amamantado a sopapos, el pequeño Albornoz creció en pocas semanas al punto de aprender a gatear rápidamente y salir a recorrer los campos aledaños, los lugareños más viejos aseguran que varias mañanas fue encontrado en duermevela culo para arriba contra un poste de ñandubay. La adolescencia fue tortuosa, ya que la práctica de gateo entre los yuyos se hizo costumbre en el muchacho, lo que le valió el apelativo “Fauno”, por lo que los pares de su edad aprovechaban para molestarlo y abusar del efebo Fauno cada vez que era encontrado contra el poste de ñandubay. El cansancio y la abulia de la vida telúrica, lo hace emigrar a la ciudad y estudiar literatura, especializándose en la poesía existencialista en la cultura de barrio La Espada.

Poco se sabe de la vida del Fauno en el período que va de los 28 a los 40 años. Las composiciones populares que se encontraron lo sitúan ya a los 40 años aproximadamente, y dentro de un contenedor. Los poemas llevan por título: El Fauno del chichón agreste; y, El Fauno en su contenedor. El hallazgo de tales documentos, es mérito de un historiador de barrio La Espada, quien interesado por reconstruir la historia del barrio, ya que tal barrio fue conquistado varias veces, destruido, y reconstruido sobre los mismos cortes de rancho 9 veces, se asegura que en la 5ta reconstrucción del barrio se sitúa el pasaje del Fauno por aquél lugar. Hay quienes sostienen que el historiador no hizo hallazgo, sino que fue un biógrafo del Fauno y que éste fue quien le habría provocado el chichón al amansarlo contra una horqueta en las domas del prado. Laurito Mochica, es el nombre de tal historiador, que es registrado en los versos como El amansador de Faunos. Es decir, varias características apuntan a que Laurito Mochico es aquel amansador nombrado en el poema, uno de los ejemplos que asocian a Laurito con el Cazador es el hecho en que coinciden en la cría de un pescadito como mascota.

El segundo poema, enfrenta al lector con El Fauno lleno de chichones y morando en un contenedor, el protagonista es rescatado y alimentado a guiso con inflador y enemas de te rojo. Aquí se produce un nuevo vacío pero esta vez producto de la ausencia de texto, el fragmento siguiente muestra a un Fauno babeante y enclenque. Recluido en su contenedor se dedica a tañir la pandereta bigotuda y contemplar la manija del lado de adentro. Ensimismado se descontrola y se tatúa la cara de Marosa en los pezones y se depila las verijas como un acto extremo de protesta contra la política económica rawlsasiana aplicada por el FA. El poeta Dorado, es quien lo acompaña en el periplo que lo llevará al consumo desmedido de licuado de bergamota y fideo cucusú. El resto de la obra se ha perdido, o aún la tiene Laurito.