Laurito Mochica” – el encantador de faunos –
Esta entidad de los montes tuvo su primera manifestación en la fiesta “La 4 queso” y raudamente se incorpora al panteón olímpico del pueblo “Caldo de calostro”. En el MEC de Paso Fialho se presentó como “avistador de soretes” y vecino del matrero Mc Callister. Una tarde fumando barba de ojete, marca “Ña María”, implementó los viajes astrales haciendo equilibrio en un alambrado. Ahí nomás se proclamó virrey y pasó a ser conocido como “El tapita” - the third -. Su linaje fue sacudido en todas las tatuseras de la Cisplatina, fue así que acuñó la frase: “lo que ta vacío hay que rellenarlo” y se retiró a moteles de invierno, allí se dedicó a la elaboración del “Primer manual astrológico paisano” en que el agujero negro siempre resulta ser el compañero. La fama lo tildó de comilón pero aprovechó para fundar una escuela de teatro para pederastas amateurs, la rutina lo sumió en la desesperación ya que el protagonista siempre fue “El legüero” (una entidad mágica que acomodaba niños en los cines y por ser el más dotado se pensionó de rellenador vitalicio).
Escapando a los fanáticos del relleno pasa una temporada pescando mangorchas. Una mañana cazó al fauno Albornoz que había “trancado el chichón en una horquetita” y lo teatralizó en su afamado sainete: “Le enticé el lomo al fauno”, donde Albornoz revolvía una lata con mazorca de hombre por 49 segundos y estaba toda cagada. Le siguió “El bordado macho” en que Mochica seduce una bigoñas mientras el fauno borda un cuero de chancho durante el día y se lo frota a la noche. Hizo de mimo didascálico parado en un poste cada 25 de agosto para festejar el regreso de Pimpinela y cantaba: “Je renegret grerrien, grrr” (*). El fauno alcanzó la fama en “El monólogo de la pelotilla” que consistía en rascarse la mollerita en el rincón de calle Blanes y el Parque Solari. Se presentó en la bienal de “Los cojudos vivarachos”, nombre que homenajea tres gauchos putos que hacían de chiflados. Presentó la obra vanguardista: “El sorete toma la carpa” (Thriller), conocida en Surinam como: “Avatares de un sorete licencioso” y “Angustiau como sorete en carpa”, se observó la influencia de Kierkegaard en su peinado. Junto al fauno hicieron las delicias de localidades bulliciosas, metrópolis en continuo crecimiento como “Tanga e criollo” y “Piola pa chorizo”. Improvisaban en arroyos, baños químicos, chiqueros, catres de paisanos tragaleche y hasta realizaron una presentación aeróbica en un níspero.
Una noche el amor partió como parten las patadas, el frío y la ventisca de villa Poronga hizo que el fauno peristáltico temblara como macho y se soltó de la pata del catre, arrastró sus cadenas hasta paraje “Comehombre” y nadie volvió a saber de Albernotti, su seudónimo cariñoso). Mochica, perdido y desconfiado, se unió a la troupe de “Marta Peralta y sus genes vivaces”. Fue perseguido y humillado por los aldeanos que se manifestaban con canciones de protesta sobre el elevado precio del choripán, el medio litro de tinto y el jabón (acérrimo rival de estos soñadores de pelotudeces). Alucinó en los matorrales de pitanga y le tarareaba Black Sabbath a una pajarera de monte, se le llamó el “Barrabás mansfloro” porque bailaba cielitos con discos de Queen en las cantinas de testosterona campechana.
(*) – fue un invierno de la gran puta.
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