Biografía de Totorico Luberiaga “El libador de volquetas”
Texto hallado adentro de una rosca de chorizo en Pueblito Celeste a finales del siglo XX.
Bautizado bajo el nombre de Totorico, lo encontraron debajo de una cancha de futbol cinco con una nota que rogaba a uno de los goleros que lo protegiera y quisiese con devoción. Su progenitor, Waldemar Albornotti, arquero del Club Atlético Pare de Sufrir se lo encargó a un domador de teros cimarrones del circo criollo Big tits entretainment, que lo crió a base de yogurt poronguero “Te Siento” y pan de molde “rabadilla”. Esto le jorobó las amígdalas hasta su adolescencia habiéndose curado gracias al vaho de neumático para cuadripléjico, rodado 26. Fue allí, en su primera mocedad, que Totorico se dedicó a las artes escénicas componiendo performances para latones de mimbre. Algunas de sus primeras obras fueron registradas en las actas de la corte electoral de Pandule bajo títulos como: El dedo en la llaga (intervención cultural en talabarterías); La Laura la ladea (gesta épica en piscina inflable) y Me la manduco (revelador musical infantil). El éxito obtenido le generó serios inconvenientes con el entrenador de las gallinas amazonas del circo criollo y fue expulsado junto con un chancho con vincha miembro del staff subversivo de Luberiaga. El gran sufrimiento que le provocó el ostracismo lo llevó a ponerse un pirsin con un carozo de níspero en la mollerita a fin de ocultar las imperfecciones de su cráneo y logró cambiarse el apellido por el altisonante e inolvidable Alborgnoqui. Tutancamóm Alborgnoqui, nombre por el cual fue conocido en los círculos culturales más selectos de villa Telechea, estudió peluquería con el Pájaro Cansanni y frustró su carrera cuando, en el último examen, tuvo que hacerle el cavado al Cococho Álvarez. De ahí en más, arrastrado por la angustia, cayó en el consumo frenético de pasta dental y caramelos de calostro. Recluido en una tatusera de Cañada Ojete escribió sus memorias tituladas Nostalgias por la Everedy; también arriesgó suerte y arandela con el poemario Apología del ruleman y Alergias Bigotudas (tratado neo marxista). Fue citado como jurado en el desfile de moda en cámara lenta, de la pasarela Stanislavky en Quebracho y lo denunciaron por mirar de pesado a un cascote. Envalentonados por el desaire los aldeanos profirieron insultos tales como: “te vamo a hacer un enema con licuado de verga” o “entregá el buche, putita”. Tutancamón escapó camuflado en un carro de goma disfrazado de Gerardo Zucotti.
Ya en su adultez perdió la cabeza por una garrafa de trece kilos y se inyectó dulce de membrillo en el orto a falta de siliconas, tradujo al hebreo The Wall y fundó un club de capoeira con patines en la terraza de un contenedor. De aquí en mas se pierde rastro de Tutancamon Alborgnoqui aunque se registran apariciones en el registro civil del chaco santafesino; cuentan algunos vecinos que lo han visto toreando sapos los días de humedad.
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