domingo, 13 de junio de 2010

Nicomedes Bobote, el Coso Florido

Este personaje, pertenece al folklore sionista de paraje La hemorroides. Las crónicas aseguran que fue parido por Pristina Mormosa –china inversamente proporcional de carnes y cerebro- que danzaba el ritual de Leo Dan en pelotas para asegurar la fertilidad de los biscos tetones de la segunda quincena de abril. El parto imprevisto hizo que la paisanada agarrara al pequeño Nicomedes como mascota de boliche itinerante y que el Coso jamás conociese la madre que lo parió.

Criado con estofado de sopapo y refregada de hombre, el niño creció mañero y vicioso. A los 7 años desmorrugaba alpargatas para pitar escondido y tañir el ukele congoleño, cuyas notas tristes embriagaba la paisanada en efluvios de sorete cuadrero y nostalgias por las nalgas peludas del joven músico. El Gaucho Florido, cazador de talentos montaraces y rellenador de boquetes pajueranos lo impulsó al estrellato en la bienal de semiótica de la canción en Puntas del Choto, donde Bobote interpretó: “La hondonada en que perdí el virgo”, “Excitado por Camilo Sexto”, “Entre palanganas y retrucos”, “Tus huevos contra mis paletas”, acompañado por un coro de bobos tartamudos que le valió el mote Bobote. Estas son algunas de las canciones con que saltó a la fama. Las contrataciones onerosas, los banquetes de boñuelos de ceso regados con caña con pólvora hicieron estragos en la rabadilla del Coso. La continua comezón lo tenía loco y sordo, así que se hizo vencer por El Negro Aruera, que le rascó de la rabadilla a la nuca con una verga legüera. Culpa de esta terapia dejó de crecerle pelo en la nuca. La belleza jovial abandonaba a Nicomedes, y se parecía cada vez más a un Coso; sin resignarse se tatuó una cara en la nuca con la intención de hacerse reversible, pero no jodió a nadie con la bragueta para atrás. Los aldeanos lo reconocieron una tarde en que salía del Multiforro caminando de rambuyé, y le endilgaron:

¡Ahora te haces el Coso, andá afinando la gola, que esta noche tenés concierto de tripa hasta que hagas gárgaras!!!

Agobiado por la escases de mondongo, intentó suicidarse, primero con un marlo, luego con sal de frutas, y por último tirándose de espaldas de un tobogán del petit park de Orgoroso, logrando hacerse una ampolla en la huevera y un chichón en la frente de la nuca. Enterado de todo esto, su padre que nunca había conocido, se presentó una noche fusta en mano y lo cagó a lazos por pajero. Los hemorroideños, aseguran que por las noches aún se escucha el ¡Ay ay ay! del Coso en las noches de rituales en los boliches

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